Fútbol

García Berodia, goleador y taxista

Era ídolo en Wilstermann. Fue el primer español que llegó al país. No se quedó en el fútbol boliviano debido a que su hijo sufrió un accidente

El español Gerardo García Berodia festeja un gol para Wilstermann.

El español Gerardo García Berodia festeja un gol para Wilstermann. Fernando Cartagena-Archivo.

La Razón (Edición Impresa) / Ramiro Siles / La Paz

01:28 / 12 de octubre de 2015

Gerardo García Berodia fue el primer jugador español en llegar al fútbol boliviano cuando lo trajo Wilstermann. Después, otros clubes se animaron y vinieron más futbolistas de esa nacionalidad. Se marchó dejando un buen cartel, volvió pero no se quedó. Optó por hacer caso a su esposa que ya no quería seguir en el país, sobre todo por un accidente que sufrió su hijo en Cochabamba.

En su país es reconocido por haber sido goleador —le llaman “pichichi”— en todas las categorías del fútbol español. Hoy —según un reportaje publicado en el diario Público— está en el Navalcarnero, un equipo de Tercera División, pero además trabaja conduciendo un taxi durante 12 horas por día. La combinación es una manera de hacer frente a la crisis.

El periodista español Alfredo Varona escribió lo que él lama una “historia con el corazón dividido, imposible de olvidar”. Berodia (Madrid, 1981), maneja un Seat Toledo. “No sería nada extraño si no es porque su historia no es como la de los demás taxistas. Ni siquiera como la de un ciudadano normal”.

Hasta el año pasado —escribe el periodista— era un ídolo en Bolivia, donde jugaba en el Jorge Wilstermann. Un futbolista con el número “10”, con el talento íntegro que impactó al país entero. “Me convirtieron en un ícono publicitario, de marcas de trajes y hasta de la BMW”, contó. El futbolista era querido en Cochabamba. Según Varona, “un ídolo de masas” a quien no querían cambiarlo por nadie.

“A las tres semanas de llegar, me quisieron renovar por tres años. Me triplicaron el sueldo. Me eligieron mejor jugador del torneo. Fue algo importante. Alrededor mío se creó una adhesión social que, a los 32 años, yo ya no podía esperar. Querían, incluso, que me nacionalizase y jugase con su selección”.

Pero en medio de la perfección apareció el drama. “Mi hijo tuvo un accidente grave. Se cortó con una puerta de cristal en la urbanización al salir de la piscina, rodillas, pies, manos, por todos lados. Mi mujer, que no se adaptaba a la altitud, ya no aguantó más. Quiso venir a Madrid para que el niño continuase la rehabilitación en la clínica Cemtro y yo tuve que elegir entre la familia y el fútbol, y no lo dudé. Cada uno tiene sus valores, que no se pueden cambiar, y en esta vida hay que elegir”.

Máximo goleador en España

Van ocho

Juega en el Navalcarnero, en Tercera División, donde hoy, con ocho goles en seis partidos, es     el máximo goleador de todas las categorías en el fútbol español.

Ya está bien

Después del accidente que tuvo su hijo, ya está bien. “Hace vida normal. Juega al fútbol, hace atletismo, apenas le quedaron secuelas de los 600 puntos que le dieron”.

Un BMW

Cuenta que cuando estaba en Cochabamba, jugando para Wilstermann, manejaba un vehículo de la marca BMW. En cambio, ahora está al mando de su taxi Seat.

‘Mi hijo ya merece echar raíces en su casa’

Gerardo García Berodia conduce hoy un taxi, un Seat Toledo, “porque tengo que trabajar”. Juega en Tercera División, en el Navalcarnero, donde la vida no se parece. Pasa 10 o 12 horas diarias en el taxi “que afortunadamente es mío. Hace cinco años me metí en el negocio. Me compré la licencia por 150.000 euros porque entendía que un taxi es un valor de trabajo seguro”.

Luego, va a entrenar, “y raro es el día en el que llego a casa antes de las once de la noche”, casi destrozado de tanto trajín, ajeno a la figura que fue en Bolivia, donde “supongo que serían incapaces de imaginarse que yo soy taxista en Madrid. Hace un tiempo, precisamente, cogí a un cliente que era boliviano de Cochabamba y cuando le dije que yo era Berodia no se lo podía creer. Se hizo fotos, abrazos conmigo y las mandó por WhatsApp a toda su familia, amigos y demás”.

Agradece al fútbol boliviano y a Wilstermann por haberlo tenido como jugador durante algún tiempo: “Doy gracias por vivir un sueño como ese que antes no podía ni imaginar”.  Y luego, con el regreso a Madrid, más o menos todo volvió a la normalidad. “Pude ir a algún equipo de Segunda B, pero con los problemas de dinero que hay en esa categoría no me mereció la pena irme de Madrid y arriesgar. Mi hijo ya se merece echar raíces en su casa”.

Un cáncer casi lo saca del fútbol

Gerardo era un futbolista de la clase media en España —escribe Alfredo Varona— peleado con la suerte que casi nunca le eligió entre sus favoritos. Se crió en el Real Madrid a la vez de Iker Casillas (el guardameta de la selección española), de la misma generación. Fue elegido el mejor infantil de Europa. Tenía un talento que llamaba la atención hasta que un cáncer en un tobillo (del que logró recuperarse para continuar jugando) detuvo en seco su carrera, que luego se perdió por escenarios de menor enjundia.

Jugó en Ponferradina, Zamora, Alcala o San Sebastián de los Reyes hasta llegar al Lugo, donde siempre le quedará la sensación de que Quique Setién, el entrenador, no se portó bien con él. “Yo era el máximo goleador del equipo cuando, de repente, después de una entrevista que hice para ‘Punto Pelota’, en la que conté mi historia, Setién dejó de contar conmigo. Llegó a decirme, incluso, que no iba a ir ni convocado. La hinchada coreaba mi nombre en la grada, pero él decía que no era nada personal”.

Ahora aceptó la propuesta del Navalcarnero en Tercera, donde hoy, con ocho goles en seis partidos, es el máximo goleador de todas las categorías en el fútbol español.

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